La hibernación del oso pardo

La hibernación del oso pardo

Cuando el verano llega a su fin, las temperaturas comienzan a descender, las hojas a caerse de los árboles y los días a tener menos horas de luz, el oso empieza a prepararse para el largo invierno. Alimentarse, buscar refugio… La hibernación del oso pardo ha dado lugar, en siglos pasados, a muchas especulaciones y mitos pero en la actualidad es uno de los fenómenos más interesantes de nuestra naturaleza. ¿Cómo sobreviven al largo letargo?

La hibernación del oso pardo

¿Cómo se prepara el oso pardo para hibernar? 

La hibernación comienza cuando los alimentos ya escasean y hace frío. El inicio de esta fase dependerá, pues, de factores meteorológicos, de la disponibilidad de alimentos y, además, de las características individuales. Por lo general, los machos adultos permanecen activos más tiempo y abandonan la cueva antes mientras que las osas preñadas entran primero y prolongan más tiempo el letargo.

Antes de eso, el oso pasa por una etapa de preparación: Consume grandes cantidades de alimentos de alto valor calórico, para incrementar su capa de grasa para poder afrontar toda la hibernación sin alimentarse. Por otra parte, emprende la búsqueda de una lugar para descansar. Por lo general buscan lugares con una vegetación impenetrable y laderas de muy difícil acceso. Según la Fundación Oso Pardo, en la cordillera cantábrica el 80% de las oseras está en cuevas y el 20% excavadas en el suelo. Con hierbas y ramas, el animal acondicionará la cueva para la hibernación.

Llega el invierno y el oso pardo ya está listo para hibernar. ¿Cómo puede sobrevivir tantos meses con sólo oxígeno?

Así actúa el cuerpo durante la hibernación del oso pardo:

  • Su ritmo cardiaco desciende desde las 40-50 pulsaciones por minutos hasta las 10 ppm, aproximadamente. Como consecuencia de ello, el flujo de sangre y la cantidad de oxígeno que llega hasta sus órganos vitales también decrece pero este animal tiene una endorfina que aminora todo el metabolismo celular para sobrevivir con un ritmo tan bajo.
  • El corazón de los osos es increíblemente versátil y se adapta tanto a las actividades enérgicas del verano como a las largas siestas de invierno.
  • Las reservas grasas acumuladas en los meses previos a la hibernación le permiten mantener sus constantes funcionales: la temperatura de su cuerpo sólo disminuye unos 4-5 grados.
  • Durante este proceso, el oso pardo no orina ni defeca. Esto es posible ya que tienen microbios en su intestino que convierten la urea en otra forma nitrogenada utilizada en la construcción de aminoácidos. Es como si convirtieran la orina en proteínas.
  • Pese a la falta de actividad, su musculatura apenas se debilita y los huesos no padecen fracturas.

Pero aún hay más. ¿Sabías que las hembras paren durante el invierno? Por increíble que parezca, la madre, en plena “huelga de hambre”, les da a sus crías calor y leche. Conservar la temperatura de los recién nacidos y su lactancia suma un gran gasto energético a la propia supervivencia, algo que sólo es posible gracias a sus reservas y a su metabolismo. Las crías permanecerán alrededor de dos años y medios junto a la madre, por lo que las osas hembra se reproducen cada tres años.

No obstante, la Fundación Oso Pardo explica que algunas familias de osos cantábricos no hibernan o tienen un sueño invernal muy breve. “Para algunas osas con crías, permanecer activas durante inviernos suaves con abundante comida puede ser más rentable energéticamente que hibernar. El desgaste que supone la lactancia para las hembras con crías es enorme”. De este modo, aquellos que hayan llegado a esta época del año con una alta reserva de grasas (hembras no lactantes, machos y osos juveniles ya desarrollados) aprovecharán mejor el invierno hibernando mientras que a aquellos que llegan a esta estación con bajas reservas (hembras lactantes y juveniles aún en crecimiento) les compensa mantenerse activos buscando comida, si ésta es abundante.

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